«Lo hemos parado en seco», se ufana el presidente de EE UU tras informar de que «le hemos abierto un boquete en la sala de máquinas» «Lo hemos parado en seco», se ufana el presidente de EE UU tras informar de que «le hemos abierto un boquete en la sala de máquinas»
Un paso para adelante, y otro para atrás. Estados Unidos e Irán se han enfrascado en un dramático baile caracterizado por un tira y afloja … que no parece conducir a ninguna parte. En el estrecho de Ormuz se turnan para evitar la apertura de esta crucial vía marítima al tráfico de hidrocarburos, que tiene al mundo en vilo. Este domingo Trump se mofó del bloqueo iraní afirmando que el régimen islámico, «siempre haciéndose el duro», está ayudando a su país a hacer negocio.
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«Son ellos los que pierden con el cierre: ¡500 millones de dólares al día! Estados Unidos no pierde nada. De hecho, muchos barcos se dirigen ahora mismo a Texas, Luisiana y Alaska para cargar, cortesía de la Guardia Revolucionaria», escribió en su red social, Truth, en referencia a cómo la superpotencia americana está incrementando sus exportaciones de crudo ante las dificultades de muchos países para abastecerse en el Golfo Pérsico.
En medio de esta coyuntura tan volátil, ahora en Islamabad se espera con incertidumbre la reanudación de las negociaciones que hace una semana concluyeron precipitadamente en la capital de Pakistán con la marcha del vicepresidente JD Vance. Tanto estadounidenses como iraníes afirmaron posteriormente que se había alcanzado un acuerdo en multitud de cuestiones, pero que había escollos clave que finalmente imposibilitaron abrir el camino hacia la paz. Trump ha anunciado que está dispuesto a intentarlo de nuevo, pero lo hizo a su manera: con una mano tendida y la otra cerrada en un puño dispuesto a golpear.
Más palo que zanahoria
Por un lado, envía una delegación a Islamabad –finalmente encabezada de nuevo por Vance– y afirma que los negociadores llegarán a la noche del lunes para «ofrecer un trato muy justo y razonable»; pero, por otro lado, advierte a Teherán de que si lo rechaza «Estados Unidos destruirá todas las centrales energéticas y todos los puntes de Irán». Además, Trump blande ahora más el palo que la zanahoria. «Se acabó lo de ser Mr. Agradable. Se plegarán rápido, se plegarán fácil y, si no aceptan el acuerdo, será un honor para mí hacer lo que se debe hacer. ¡Es hora de acabar con la máquina de matar de Irán!», bramó en el ciberespacio.
Pero no está claro que sus amenazas tengan el efecto deseado en el enemigo. Porque el régimen islámico parece aún reacio a enviar emisarios para encontrarse con Vance, y este domingo reiteró que no considera lógico que se retome el diálogo mientras Estados Unidos continúe bloqueando Ormuz.
Es más, la agencia de noticias oficial IRNA afirmó que «las exigencias excesivas de Estados Unidos, las peticiones irrazonables y poco realistas, los repetidos cambios de postura y las continuas declaraciones contradictorias» están imposibilitando el acercamiento de ambos bandos. «En estas condiciones, no se vislumbra ninguna perspectiva clara de conversaciones productivas», sentenció, echando un jarro de agua fría a la posibilidad de un reencuentro.
«Crimen de guerra»
Antes, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, había tachado el bloqueo estadounidense de «criminal», asegurando que suponía, precisamente, «una violación del alto el fuego acordado en Pakistán». Por si fuese poco, Baqaei añadió que «al infligir deliberadamente un castigo colectivo a la población iraní, constituye un crimen de guerra y un crimen de lesa humanidad».
Además, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se sumó con unas polémicas declaraciones a lo que Irán considera un continuo reguero de amenazas. El político hebreo afirmó que el esfuerzo conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán «aún no ha terminado» y, en compañía del presidente argentino, Javier Milei, apostilló que los aliados «lograrán sus objetivos y brindarán más esperanza y más luz a los pueblos libres del mundo».
No obstante, el tiempo corre en contra de Trump y de Netanyahu. Porque el presidente estadounidense siempre se había vanagloriado de no iniciar nuevos conflictos bélicos y auguró que el de Irán no sería ni largo ni especialmente costoso para sus ciudadanos. Sin embargo, la inestabilidad en los mercados está provocando un incremento en el precio internacional de los combustibles y ayer el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, reconoció que, «aunque el encarecimiento puede que haya llegado a su punto culminante», en las gasolineras habrá que rascarse el bolsillo todavía durante un tiempo.
«Es posible que el precio de la gasolina baje de los 3 dólares por galón a finales de este año, o quizás no lo haga hasta el año que viene», comentó en la cadena CNN, consciente de que el apoyo al Ejecutivo de Trump disminuye cada día que continúa enfangado en la república islámica. Y el régimen de los ayatolás también lo sabe, razón por la que no tiene especial interés en acelerar las negociaciones. Cuanto más se demoren, mejores condiciones arrancará. Salvo que, finalmente, Trump decida no hacer un TACO –como en conocen en Estados Unidos a sus amenazas incumplidas– y realmente haga volar Irán por los aires.
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