La oportunidad del aliado traidor

Respeto a la legalidad internacional de la ONU, la OTAN y la Unión Europea; llamamiento a la desescalada; vías pacíficas y diplomáticas; no a la guerra. Pedro Sánchez está marcando con estos criterios sus distancias respecto a la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, mientras el presidente de Francia, Emmanuel Macron, el canciller alemán, Friedrich Merz, y el primer ministro británico, Keir Starmer, trampean con la insolencia de Donald Trump. No es nuevo. El presidente español lleva ya cierto tiempo significándose como voz reactiva frente a Estados Unidos y a los demás líderes europeos, convencido de que la Unión Europea está siendo demasiado dependiente en un momento en que la deriva trumpista —y su desprecio por el viejo continente— debería conducir a marcar distancias y a acentuar el perfil propio. Y Trump favorece su empeño al decir que “España es un aliado terrible” y convertirla en enemigo número uno. El ruido del presidente estadounidense no le intimida, la experiencia enseña la volatilidad de sus amenazas. Y, al mismo tiempo, le da notoriedad como blanco de las iras del ogro con el pelo dorado.

Seguir leyendo

 Los ataques de Trump pueden favorecer las opciones de Pedro Sánchez en la política española  

TRIBUNA
Opinión

Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Los ataques de Trump pueden favorecer las opciones de Pedro Sánchez en la política española

Pedro Sánchez, el miércoles en el Prado durante el acto institucional por el 8-M.César Vallejo Rodríguez (Europa Press)
Josep Ramoneda

Respeto a la legalidad internacional de la ONU, la OTAN y la Unión Europea; llamamiento a la desescalada; vías pacíficas y diplomáticas; no a la guerra. Pedro Sánchez está marcando con estos criterios sus distancias respecto a la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, mientras el presidente de Francia, Emmanuel Macron, el canciller alemán, Friedrich Merz, y el primer ministro británico, Keir Starmer, trampean con la insolencia de Donald Trump. No es nuevo. El presidente español lleva ya cierto tiempo significándose como voz reactiva frente a Estados Unidos y a los demás líderes europeos, convencido de que la Unión Europea está siendo demasiado dependiente en un momento en que la deriva trumpista —y su desprecio por el viejo continente— debería conducir a marcar distancias y a acentuar el perfil propio. Y Trump favorece su empeño al decir que “España es un aliado terrible” y convertirla en enemigo número uno. El ruido del presidente estadounidense no le intimida, la experiencia enseña la volatilidad de sus amenazas. Y, al mismo tiempo, le da notoriedad como blanco de las iras del ogro con el pelo dorado.

La fuga nihilista de Donald Trump y Benjamín Netanyahu encendiendo Oriente Próximo ha colmado su paciencia y ha llevado al presidente Pedro Sánchez a dar un paso adelante. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, lo ha formulado así: ”Cada país toma sus decisiones en política exterior. España tiene una posición muy clara: la voz de España tiene que ser en estos momentos una voz de equilibrio y moderación, de trabajar por la desescalada y para que se regrese a la mesa de negociación”. Y, hecho relevante, Estados Unidos no ha utilizado las bases en territorio español.

En un momento en que es manifiesto en toda Europa el desplazamiento de la política hacia la derecha, con la extrema derecha marcando a menudo el paso —en Francia, en Italia y ahora mismo en España—, el presidente recupera la perspectiva de futuro. La socialdemocracia se ha ido desdibujando, y Sánchez parece haber escogido el papel de resistente, como si quisiera anticipar un posible cambio de ciclo. Cuando la ciudadanía se entere de que en la izquierda ya casi no queda nadie, él seguirá allí como referente potencial del retorno del progresismo.

Sin duda, es una posición que le reafirma y le distingue en el ámbito europeo. Pero creo que hay que entenderla especialmente en el marco español. Por mucho que los medios de opinión conservadores den por hecho que el presidente está amortizado, cada día parece menos inverosímil pensar que no lo tiene todo perdido y que la dinámica va en su favor. ¿En qué sentido? Lo vemos día a día: Santiago Abascal y los suyos están montando a caballo del PP y lo están desdibujando, de modo que el crecimiento de Vox tiene mucho que ver con la confusión de la derecha en manos de Alberto Núñez Feijóo, incapaz de construir un perfil de liderazgo, siempre a remolque de la extrema derecha y sin otro argumento que la descalificación permanente de Sánchez.

En este marco, con los partidos a la izquierda del PSOE en el estado habitual de fragmentación por las rivalidades entre egos atrapados en la psicopatología de las pequeñas diferencias, y con la dificultad de construir un discurso crítico creíble en el contexto actual, Pedro Sánchez ha percibido un espacio a un lado y a otro del marco natural del PSOE, con electores que se le venían escapando y que pueden volver al redil si recupera perfil frente a la derecha radicalizada por un lado y la izquierda desmovilizada, por el otro. Y así está haciendo oír su voz en Europa como último referente de la socialdemocracia, poniendo en evidencia la sumisión creciente de la Unión Europea a las órdenes de Trump y anticipando el giro que se puede producir si el conflicto de Irán se acelera y la desestabilización de la zona se hace manifiesta.

Si Vox sigue creciendo y el PP sigue dando palos de ciego, Pedro Sánchez no lo tiene perdido, por mucho que algunos —con datos no forzosamente solventes— y confundiendo la realidad con sus deseos le den ya por liquidado. Del mismo modo que la socialdemocracia lleva años desdibujándose porque no ha sabido tomar el pulso al capitalismo digital y tecnológico, la radicalización de las derechas que protagonizaron este giro abre la oportunidad a quien sea capaz de actualizarla. Sánchez esta aquí, dispuesto a jugar al futuro, frente a unas derechas encalladas en el presente. Y a pillarlas a contrapié. Y ha encontrado en la actitud claudicante de la mayoría de los dirigentes europeos, una vía para marcar diferencias, señalar la resignación de las derechas y capitalizar que Trump le distinga con la condición de aliado traidor.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Añadir usuarioContinuar leyendo aquí

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Mis comentariosNormas

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Please enable JavaScript to view the <a href=»https://disqus.com/?ref_noscript» rel=»nofollow»> comments powered by Disqus.</a>

Archivado En

 España en EL PAÍS

Te Puede Interesar