Los discursos del Rey se pactan entre La Zarzuela y La Moncloa, con participación de los ministerios directamente afectados en cada caso. Por eso, nunca contradicen la posición del Gobierno, aunque tampoco coincidan al 100% con la misma. Se mueven en el espacio de consenso entre las grandes fuerzas políticas, aunque sea a costa de dejar fuera a las extremas. El problema es cuando ese consenso se estrecha tanto que resulta difícil transitar por él.
Felipe VI llama a la contención en el uso de la fuerza y pide una salida diplomática, pero evita señalar la ilegalidad del ataque a Irán
Los discursos del Rey se pactan entre La Zarzuela y La Moncloa, con participación de los ministerios directamente afectados en cada caso. Por eso, nunca contradicen la posición del Gobierno, aunque tampoco coincidan al 100% con la misma. Se mueven en el espacio de consenso entre las grandes fuerzas políticas, aunque sea a costa de dejar fuera a las extremas. El problema es cuando ese consenso se estrecha tanto que resulta difícil transitar por él.
Eso sucede con la guerra que se ha desatado en Oriente Próximo desde que, el pasado sábado, Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque contra Irán. Los países europeos se han dividido, adoptando una gama de posiciones que van desde el respaldo incondicional a Washington de Alemania al rechazo inequívoco de España. Esta división se ha trasladado al escenario doméstico, con una derecha (PP y Vox) alineada con Donald Trump y una izquierda (encabezada por el PSOE) que tacha la agresión de ilegal. Pese a ello, el Rey no puede obviar en sus discursos una guerra que ha incendiado ya Oriente Próximo y cuyas consecuencias, económicas pero no solo, amenazan al resto del mundo.
El pasado domingo, 24 horas después de iniciarse el ataque, Felipe VI se refirió por primera vez al conflicto en la cena previa a la inauguración del Mobile (MWC) en Barcelona. “Mientras hablamos, Oriente Medio se desliza de nuevo hacia una encrucijada crítica, con un claro riesgo de escalada regional de consecuencias impredecibles”, dijo entonces en inglés. “Hacemos un llamamiento a la máxima moderación en el uso de la fuerza, al respeto por la vida de los civiles y a la búsqueda de una salida diplomática a la actual lógica de confrontación. Hacemos este llamamiento con el fin de evitar una situación caótica y una abierta represión y restablecer el diálogo para una búsqueda honesta de la paz”, añadió. Sin señalar a nadie, urgía al cese inmediato de la violencia, antes de que fuera demasiado tarde.
En el sexto día guerra, Felipe VI ha vuelto a referirse este jueves al conflicto en el almuerzo que han ofrecido los Reyes en el Palacio Real a los Grandes Duques de Luxemburgo, de visita en España. Sus palabras han sido muy parecidas a las del domingo, con una diferencia: el panorama ha cambiado desde entonces, pues los gobiernos y las fuerzas políticas, que en ese momento aún no se habían definido con claridad, ya han tomado partido.
“Vemos con enorme inquietud y preocupación la situación crítica y enormemente peligrosa que atraviesa Oriente Próximo y la región del Golfo. Y no puede sorprender que también nos unamos a los llamamientos por la contención del uso de la fuerza, el respeto máximo por la vida y la seguridad de la población civil y la búsqueda de salidas diplomáticas y también por la garantía de las libertades y los Derechos Humanos frente a la represión”, ha dicho. “El riesgo al que se ve sometida una región tan amplia y de enorme relevancia estratégica nos mueve a transmitir nuestra más profunda solidaridad a los países que están sufriendo los graves embates colaterales del conflicto”, ha añadido.
Es decir, ha abogado por una salida diplomática, frente a quienes apuestan por el uso de la violencia como solución a los problemas, pero ha evitado señalar a Estados Unidos e Israel como autores de la agresión. Y ha obviado cualquier referencia a la necesidad de respetar el derecho internacional, presente en otros discursos, lo que sería una forma de sugerir que no se está haciendo en este caso. Sí ha pedido “contención en el uso de la fuerza” y “respeto máximo por la vida” (aunque no el cese inmediato de los ataques): ha llamado a garantizar los derechos humanos, en alusión implícita al régimen de los ayatolás; y se ha mostrado solidario con los países que sufren los efectos colaterales del conflicto, en referencia a las monarquías del Golfo.
Tras referirse de manera mucho más clara a “la guerra de agresión rusa contra Ucrania”, ha enarbolado la única bandera que todavía parecen compartir PSOE y PP, el europeísmo: “Necesitamos una Europa con mayor soberanía estratégica que avance hacia una auténtica Europa de seguridad y defensa, aún más asentada en la solidaridad y la responsabilidad, aún más abierta y próspera, aún más capaz de afirmar con claridad su voz en el mundo y preservar los principios irrenunciables que conforman nuestra identidad común”.
Lo que parece seguro es que el viaje de Estado de los Reyes a Washington, que la pandemia obligó a suspender en 2020 y se llegó a barajar para este año, coincidiendo con el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, tendrá que seguir esperando. Aunque con el impredecible Trump nunca se sabe .
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