Su Ejecutivo anuncia la reapertura de Ormuz mientras el presidente acusa a las petroleras de lucrarse con la guerra Su Ejecutivo anuncia la reapertura de Ormuz mientras el presidente acusa a las petroleras de lucrarse con la guerra
Es fácil perder la cuenta de los ultimátums que Donald Trump ha dado a Irán para que se rinda o se siente a negociar. Siempre … van acompañados de ampulosos adjetivos bélicos más propios de un discurso norcoreano, pero el apocalipsis con el que amenaza no termina de materializarse. El último, el decimotercero desde que Estados Unidos e Israel comenzaron a atacar el país persa hace casi seis meses, lo pronunció el lunes: «Esta es la última oportunidad antes de la decapitación», sentenció. «Esta es la última oportunidad que tienen de firmar un buen acuerdo», apostilló el presidente.
El inquilino de la Casa Blanca tiene prisa; los ayatolás no. Los estadounidenses tendrán ocasión en noviembre de ponerle nota a Trump en las urnas, mientras que los iraníes solo pueden acatar las órdenes de un Líder Supremo al que no han visto desde que los bombardeos del primer día de la guerra lo dejaron herido y, aparentemente, desfigurado. El republicano es consciente de que su popularidad cae debido, en gran medida, a las consecuencias domésticas que acarrean sus políticas en el ámbito internacional: el combustible se encarece -un 37% desde el inicio del conflicto-, la inflación vacía los bolsillos -un 3,5% en junio- y hay que continuar financiando una impopular guerra que Trump prometió no comenzar nunca.
Según el Centre for American Progress, esa aventura bélica ha costado hasta el 15 de julio unos 150.000 millones de dólares, aunque el secretario de Guerra, Pete Hegseth, rebajó el pasado día 21 la cifra hasta los 37.500 millones. «El presidente amenaza con una escalada y crímenes de guerra, y sugiere que esto podría convertirse en otra guerra interminable», le espetó la senadora Patty Murray, la principal demócrata del Comité de Asignaciones, durante la comparecencia en la que dio cuenta de la factura. «O se acabó, o no se acabó. O sucederá en dos semanas, o no en dos semanas; o habrá misiles, o no habrá misiles», añadió Kirsten Gillibrand, reflejando un hastío cada vez más extendido por los constantes anuncios y desmentidos.
Una guerra impopular
La presión de las encuestas de cara a las elecciones de medio mandato se siente en Washington. Entre el 60% y el 74% por ciento de los estadounidenses, dependiendo de quién les pregunta, están en contra de una guerra que no cuenta con la aprobación de las instituciones. Ni siquiera su base de votantes MAGA apoya los ataques contra Irán, contrarios a los valores de un movimiento que aboga por el aislamiento internacional. Cada vez más consideran que supone una «traición».
Trump es muy consciente de ello y por eso necesita buscar constantemente buenas noticias o, en su ausencia, cabezas de turco. La última que ha encontrado ha sido la de las compañías petroleras, a las que acusa de estar hinchando sus cuentas de resultados con unos precios al público excesivos. «¡Bajad los precios ahora!», bramó en su cuenta de la red social Truth. No parece que haya surtido efecto, así que este martes su Ejecutivo volvió a anunciar un inminente acuerdo para reabrir Ormuz que sí redujo el precio del petróleo en el mercado internacional.
Fue Scott Bessent, secretario del Tesoro, el encargado de avanzar la buena nueva. «Existe la posibilidad de que lleguemos a un acuerdo hoy o mañana para abrir el estrecho y avanzar hacia una posición más normalizada en este conflicto», afirmó en una entrevista con la cadena CNBC, en la que auguró precios del crudo por debajo de los 78 dólares de ayer. «No se trata solo de energía. Se trata de fertilizantes, productos refinados y diversos gases industriales. Podríamos presenciar un importante repunte en las ventas a medida que bajen esos precios», añadió.
Desde la Casa Blanca, el secretario de Estado, Marco Rubio, ahondó en el optimismo de Bessent. «Estamos avanzando en una negociación en la que estamos involucrados entre Irán y Omán sobre cómo lograr que más barcos puedan transitar por allí de forma segura a corto plazo, a medida que avanzamos hacia conversaciones a largo plazo sobre la desnuclearización de Irán, que es el acuerdo definitivo», explicó.
El peaje de la polémica
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Catar reconoció que las negociaciones están abiertas, aunque Teherán matizó que no son directas con Washington y señaló que están centradas únicamente en el mecanismo para la reapertura de la vía marítima. Pocos analistas consideran que la república islámica vaya a dar su brazo a torcer. Al contrario, como señaló en declaraciones a la cadena Al Jazeera el profesor de estudios mundiales en la Universidad de Teherán Foad Izadi, todo apunta a que el régimen mantendrá su exigencia de imponer tasas como parte de un mecanismo para controlar el transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz debido a la gran presión que enfrenta Trump en su país.
«Irán se da cuenta de que tiene cierta influencia sobre Trump y se considera víctima de una guerra ilegal que le ha costado mucho. Es probable que los funcionarios iraníes lleguen a la conclusión de que este es el mejor momento para establecer un mecanismo que les permita obtener una compensación por algunos de los daños, debido a la presión que enfrenta Trump», argumentó. La cadena catarí avanzó que el texto preliminar detalla un sistema en el que los barcos entrarían al Golfo Pérsico por una ruta controlada por Irán y saldrían por otra bajo el control de Omán, y se cobrarían tasas por servicios de seguridad y preservación del medio ambiente marítimo.
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