La Agencia de Inteligencia de EE UU recluta espías y expertos en manipulación y guerra cibernética para reemplazar a los líderes «intransigentes» del régimen por gobernantes «pragmáticos» La Agencia de Inteligencia de EE UU recluta espías y expertos en manipulación y guerra cibernética para reemplazar a los líderes «intransigentes» del régimen por gobernantes «pragmáticos»
La CIA vuelve a poner la lupa en Cuba. La Agencia de Seguridad de Estados Unidos ha formado un grupo de trabajo especial para forzar … al Gobierno de Díaz-Canel a introducir cambios políticos y económicos en la isla, acordes a los planes que Donald Trump tiene para su futuro. Es la primera vez, que se sepa, que el espionaje norteamericano se toma tanto interés en una iniciativa así desde 1960, cuando la misión desembocó en la desastrosa invasión fallida de Bahía Cochinos. Sin embargo, su presencia e influencia no ha dejado de estar presente en estos últimos 66 años en la sociedad cubana.
Las invasiones modernas de EE UU no tienen nada que ver con aquel desembarco militar en playa Girón de 1961, que las fuerzas al mando de Fidel Castro aplastaron en apenas tres días. El nuevo operativo busca implosiones al estilo de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela (que ha puesto al país bajo un liderazgo interino de Delcy Rodríguez bajo el patrocinio de Washington) o la guerra de Irán, aunque en este caso los resultados están siendo catastróficos. Trump suponía que el descontento popular y la aparente debilidad del régimen acabarían rápidmente con el gobierno de los ayatolás y, en cambio, se encamina a seis meses de confrontación en los que ha puesto en la picota las reservas de misiles del Pentágono y su propia credibilidad interna.
Más allá de una invasión, la previsión sobre Cuba, probablemente, siga el camino de influir en la economía nacional y la opinión de los cubanos, y lograr un cambio en un Ejecutivo caribeño sumido en la asfixia progresiva. El país sufre todo tipo de carencias. Solo durante esta semana se han producido tres largos apagones (uno parcial y dos generales) y la población muestra su descontento con protestas en la calle cada vez más nutridas y frecuentes. Son síntomas de alivio en los conservadores. Aparte de remedar el agujero negro creado en Oriente Medio, el Partido Republicano espera que Trump se haga un ‘Venezuela 2’ y doblegue el régimen cubano con rapidez y sin explosiones antes de las elecciones de medio mandato de 2027.
Inversión emiratí
La Casa Blanca activa a la CIA en un momento en que ve señales visibles de lograr ese giro copernicano en la política de Cuba. Es muy posible que la fruta madura esté por caer del árbol. El patriarca emérito, Raúl Castro, dio su beneplácito el pasado junio a un histórico paquete de medidas aprobado por el Partido Comunista para liberalizar parcialmente la economía de la isla y abrirla a la inversión privada extranjera. Un consorcio emiratí ha encontrado ya una inédita receptividad para instalar un centro vacacional de gran lujo ‘coproducido’ con la Organización Trump en Cayo Santa María. En este islote solo funciona uno de los veintiún hoteles que hasta el último embargo del presidente de EE UU abrían sus puertas en estas playas y lo hace solo para el turismo interior.
El establecimiento lo controla Gaesa, el consorcio militar cubano que ahora mismo mantiene un enfrentamiento soterrado con el Departamento del Tesoro estadounidense. El ejército y el Ejecutivo caribeño tratan de traspasar los grandes fondos acuñados por este organismo durante décadas a otras sociedades para que la Casa Blanca no pueda intervenirlos o congelarlos, mientras el Tesoro hace lo posible por evitar las transacciones investigando solapadamente cada movimiento financiero y aplicando sanciones a las cuentas sospechosas.
En este sentido, aunque dijo no conocer el proyecto de ocio árabe, el viceministro cubano de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, trazó hace unos días en una entrevista con ‘The New York Times’ los enfoques de su Gobierno respecto al abánico de opciones estadounidense. Diferenció entre cómo se puede responder si Washington intenta generar una gran crisis humanitaria, provocar una invasión militar o… invertir. Y éste es el terreno de juego preferido. «Intentamos atraer inversión extranjera de cualquier país. Y eso no excluye a Estados Unidos. Si Trump quiere hacerlo de manera pacífica, no vemos ninguna razón específica para excluirlo», dijo Fenández de Cossío con franqueza.
El equipo de la CIA ha comenzado a contratar a oficiales, reclutadores, espías, analistas de Inteligencia, expertos en operaciones cibernéticas y técnicos en el manejo de campañas destinadas a influir en distintos sectores de manera encubierta, según desvela el mismo periódico neoyorquino. La instrucción principal del grupo es la de «crear fisuras entre la élite política cubana, con la esperanza de presionar a los cubanos para que reemplacen a los considerados intransigentes antiestadounidenses por líderes más pragmáticos y más receptivos a las exigencias» de Trump, según las fuentes de ‘The New York Times’.
A diferencia de 1960, la CIA opera aquí sin el apoyo de fuerzas organizadas cubanas ni entrenará a disidentes armados para una invasión. Pero sí confía en atraerse a una ciudadanía irritada que fuerce el cambio de Gobierno, ya sea éste o el siguiente año. Algunos medios barajan que la agencia podría infiltrarse para conseguir insurrectos, incentivar las protestas callejeras contra los apagones y la falta de suministros o iniciar campañas de desprestigio sobre los principales políticos de la isla, divulgando incluso información secreta sobre sus bienes y negocios. El portal ‘Político’ confirmó recientemente que un número indeterminado de agentes de Inteligencia se ha desplazado a Cuba y que aviones de reconocimiento táctico P-8A Poseidon, RC-135V Rivet Joint y MQ-4C Triton han realizado diferentes misiones sobre la isla.
La visita de Ratcliffe
Antes de implantarse este equipo, el director de la Agencia Central de Inteligencia, John Ratcliffe, viajó el pasado mayo a La Habana para reunirse con el ministro del Interior, Lázaro Alberto Álvarez Casas, y con el nieto de Raúl Castro, Guillermo Rodríguez Castro. En el país muchos creen que este hombre, jefe de los escoltas de su abuelo y conocido por el apodo de ‘El Cangrejo’, figura en el centro del radar de la Casa Blanca. El elegido para dirigir un cambio de gobernanza. La misma operación que se hizo con la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez para reemplazar sin violencia a Nicolás Maduro, el dictador que se echó a dormir en su residencia de Caracas y se despertó en una celda de Nueva York. ‘El Cangrejo’ no se ha contenido en declaraciones donde él mismo se postula sibilinamente como agente de la reforma cubana.
Ratcliffe conversó con sus interlocutores sobre «economía y seguridad», según el comunicado oficial de Washington. Pero en medio les advirtió que Cuba podría seguir el camino de Venezuela si sus líderes no se avenían a un cambio profundo. A los analistas locales no se les pasó por alto que el presidente, Miguel Díaz-Canel, no asistió a la reunión y que el jefe de la CIA también visitó en su día a Delcy Rodríguez.
Washington designó recientemente a Cuba como un país de ‘Prioridad 1« en cuanto a investigaciones de Inteligencia, el mismo nivel en el que se encuentran China, Irán y Rusia. Alto voltaje. La etiqueta implica incrementar las operaciones de espionaje, la recopilación de información y la vigilancia incluso con satélites. También faculta a realizar operaciones encubiertas sobre el terreno y a profundizar con mayor detenimiento en las capacidades militares de La Habana. EE UU nunca ha descartado una intervención armada, aunque el desgaste de la guerra en Irán, el agotamiento de las reservas de misiles y el descontento de los norteamericanos con las aventuras bélicas del Despaccho Oval hacen en este momento que resulte preferente la opción de una ‘revolución’ política.
La CIA ha actuado tradicionalmente como una fuerza secreta contra el régimen cubano, aunque en alguna ocasión ha servido de puente entre Washington y La Habana. En 2015 facilitó que la presidencia de Barack Obama restableciera relaciones diplomáticas con el gabinete de Rául Castro. Fue un periodo de anuencia. Desde la década de 1960, la CIA siempre ha tenido una oficina en la embajada estadounidense en La Habana. Sin embargo, la gran capacidad de contrainteligencia de los espías cubanos ha mantenido su operatividad muy limitada. La lucha contra Estado Islámico, además de guerras como Irak y Afganistán, han hecho que la dedicación de la agencia a la isla descendiera en este siglo debido a la necesidad de destinar recursos a las nuevas amenazas globales.
Pero de nuevo la CIA tiene estación con vistas al malecón. Y lo que se libra ahora no es simplemente una confrontación entre dos adversarios. Dentro de su estrategia de seguridad nacional, Trump persigue aumentar el control estadounidense en la región central y sur del continente americano y en ese proyecto juega un papel importante el interés de la Agencia Central en aliarse con la Inteligencia cubana, considerada una de las más eficaces del mundo pese a disponer de presupuestos y medios electrónicos muy inferiores a servicios como los israelíes, chinos o rusos.
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