El sistema clerical iraní busca sobrevivir a la ofensiva de Estados Unidos y a las manifestaciones que han vuelto a las calles del país El sistema clerical iraní busca sobrevivir a la ofensiva de Estados Unidos y a las manifestaciones que han vuelto a las calles del país
El Líder Supremo de Irán, Ali Jamenei, ha muerto en los ataques de Israel, según informa un alto funcionario israelí. Incluso Netanyahu habría recibido una … imagen del cadáver del ayatolá. De momento, sin embargo, no hay confirmación oficial del deceso.
Todo apunta a que su sucesor será su hijo Motjaba, aunque carece de un respaldo absoluto por su falta de popularidad. La intervención del segundo hijo de Jamenei en los asuntos políticos y de seguridad del país ha crecido notablemente y posee una gran influencia sobre la Guardia Revolucionaria.
El máximo dirigente persa dio órdenes precisas para su propia sustitución y establecido una compleja cadena de reemplazos en su círculo político y militar más cercano. No quiso dejar nada al azar. Su objetivo es que el sistema teocrático de gobierno sobreviva a un conflicto armado con EE UU y ha instruido a la Policía y los 150.000 miembros de la Guardia Republicana para que repriman las revueltas populares que pudieran producirse tras un ataque militar o una caída de la cúpula actual.
El miedo a un derrocamiento y a la fuerza de la calle está muy presente. Porque esta última ha vuelto. Miles de ciudadanos se manifestaron tras cumplirse el final de los 40 días de duelo por las víctimas de la matanza de enero, cuando la presión policial y militar causó entre 7.000 –los ya identificados– y 30.000 fallecidos.
El Líder Supremo, a priori, habría recurrido a su lugarteniente de máxima confianza, Ali Larijani, para que tomara las riendas de Irán en caso de que él sea asesinado, capturado o depuesto. Además, nombró a cuatro sucesores leales para cada uno de los principales líderes del Gobierno y del ejército y ordenó a todos aquellos que ocupan un puesto de responsabilidad que designen asimismo a cuatro sustitutos con el fin de garantizar la cadena de mando en caso de bombardeos masivos o ataques personales.
La oficina también ha previsto un núcleo de poder, en el que figuraría el presidente del Parlamento, Mohammad-Bagher Ghalibaf, para que tome decisiones propias si se rompen la comunicaciónes. Y lo mismo ha hecho con el ejército.
Ali Larijani habría sido llamado por el Líder Supremo a convertirse en el dirigente que encauce el futuro de Irán si él es abatido, capturado o derrocado. Este excomandante de la Guardia Revolucionaria de 67 años, actualmente al frente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, se transformaría así en el hombre fuerte del país. Lo sería al menos ‘de facto’, ya que carece de la condición de clérigo chiita necesaria para ostentar el cargo de Líder Supremo. Aunque Larijani es la opción del máximo mandatario, la cuestión sucesoria todavía no está clara y el consejo del régimen no descarta otros nombres. Lo que sí resulta diáfano es que no cuenta con el presidente actual, Masoud Pezeshkian, cuyo rol ha disminuido notablemente. Muchas de sus decisiones sobre el país y la diplomacia están subordinadas al criterio de Larijani, que es el asesor más próximo a Jamenei y una figura clave en la negociación con EE UU para evitar un choque armado.
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