El autor, detenido y también en estado grave, les disparó en plena polémica por el despliegue de la Guardia Nacional en Washington El autor, detenido y también en estado grave, les disparó en plena polémica por el despliegue de la Guardia Nacional en Washington
El polémico despliegue de la Guardia Nacional en Washington DC, por orden del presidente Donald Trump, se tiñó ayer de sangre cuando «un animal», acusó … el mandatario en Truth Social, disparó contra dos de los efectivos que patrullaban cerca de la estación de metro de Farragut West, a poca distancia de la Casa Blanca. Al menos uno recibió un disparo en la cabeza, según fuentes de CNN. Ambos se encontraban anoche hospitalizados en estado crítico.
El pistolero, que parecía ir preparado para su detención y no llevaba encima identificación alguna, no está cooperando con las autoridades. Otros efectivos de la Guardia Nacional devolvieron los disparos alcanzándole de lleno, por lo que se encuentra hospitalizado en estado «grave», informó Jeff Carroll, ayudante ejecutivo del jefe de la Policía Metropolitana de la capital estadounidense.
Fuentes policiales citadas por el ‘Washington Post’ revelaron que su nombre es Rahmanullah Lakanwal, es afgano y llegó al país en 2021, aunque al principio vivió en el Estado de Washington, al otro extremo del país. «Pagará un precio muy alto», prometió Trump. Según los testigos, iba armado con una pistola y les disparó tres balas a poca distancia. Una de ellas se estrelló contra la mampara de cristal de una parada de autobús, aumentando las heridas y la confusión.
Todo indica que se trataba de un ataque deliberado contra los militares, que fueron el único blanco del ataque, en lo que parece una violenta declaración política. El atentado se produjo a las 14.15 hora local, en la esquina de la calle 17 con la calle H NW, frente a la estación del metro. Los militares no le vieron venir. «Dio la vuelta a la esquina, levantó el brazo y descargó la pistola contra ellos», contó Carroll.
Los dos militares eran parte del destacamento de 160 voluntarios que había enviado Virginia Occidental, sin que hubieran vuelto a casa para la cena de Acción de Gracias, que en EE UU tiene un arraigo familiar equivalente al de la Nochebuena en España. «Estamos esperando un milagro de Acción de Gracias», dijo en CNN John McCuskey, fiscal general de Virginia Occidental.
Como el lugar del atentado está a solo una manzana de la Casa Blanca, saltaron todas las alarmas. Ni el presidente, ni el vicepresidente o sus familias se encontraban en ella, debido a las fiestas. Aun así, el aeropuerto National Reagan suspendió brevemente los vuelos como precaución.
«Todavía no sabemos cuál fue el móvil. Hay mucho que aún no hemos podido determinar», se excusó el vicepresidente JD Vance al pedir oraciones por sus vidas. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció que reforzará el destacamento militar en la capital con 500 efectivos más.
«Un daño irreparable»
La víspera, durante el tradicional perdón de dos pavos, Trump presumió de haber limpiado la ciudad, donde el crimen ya estaba en mínimos históricos, pero el presidente se atribuyó que gracias a su intervención no se hubiera cometido ningún asesinato en seis meses. Con todo, la presencia militar en las calles ha creado tensión y gran malestar entre la población. Precisamente la semana pasada una jueza federal determinó que el mandatario se extralimitó en su potestad de desplegar al cuerpo militar con tropas de otros estados para efectuar labores policiales, pero decidió posponer 21 días su orden de retirada para dar al Gobierno margen de apelación.
Desde agosto, unos 2.000 efectivos de la Guardia Nacional patrullan la capital de EE UU, como parte del operativo que Trump denominó «Make DC Safe and Beautiful» (Hagamos a DC Segura y Bonita). La jueza Jia M. Cobb cree que ese despliegue es ilegal y viola las funciones de autogobierno que el Congreso otorgó a Washington DC en 1973. A estas alturas, considera que ya se ha hecho «un daño irreparable», antes incluso de que llegaran las balas.
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